Céfalo también desea vivir bañado en MDMA

Vosotros, sabios que adornáis los tímpanos con el aire húmedo de Tebas,

con el pigmento verde de la quimera,
vosotros que cortejáis al niño anestesiado mediante espasmos,
mediante la violencia fácil de la mueca,
permitidme que os presente a Céfalo el Enamorado:
en su boca arde el liquen de los pobres, en su lengua proliferan
los hongos lentos del infortunio.

Céfalo, anónimo envuelto en llamas que os envidia inmóvil desde mis pupilas:
explicadle bien la importancia de la máscara,
con precisión enseñadle el Método, antes de la combustión reveladle
la cadencia rotunda de las imágenes,
la mecánica del gesto en el altar.

Céfalo, proletario oriundo de la Fócide,
que sueña con el llanto mudo del hipocampo, con la comedia inocua del vodevil,
que no conoce
el convenio secreto de vosotros los monarcas:
acogedle,
esculpidle una estatua ecuestre de mármol negro, Céfalo el Enamorado
cabalgando heroico sobre el oleaje.

Vosotros, príncipes lisérgicos de permanente fiesta en los astros,
esta noche Céfalo conducirá vuestra nave hasta el cabo Leucas:
complacedle con un largo vestido enjuto, proveedle
de vuestros líquidos exquisitos, que durante un parpadeo
olvide el silencioso incendio de su carne,
la pequeñez de sus anhelos, el estropicio nimio
que significó su nacimiento.

 

 

Poema publicado en ‘El coloquio de los perros’